
La costumbre de día de muertos en nuestro país es una de las
costumbres que mayor tiempo tiene, lo vemos con la mayoría de las culturas que
coexistieron en nuestro territorio nacional y
la importancia que estas le daban a la veneración de sus muertos, así es
como heredamos esas costumbres que hoy en día se han ido transformando, por la
adopción de tradiciones de otras culturas o bien otros países. En la actualidad
la magia que nos brinda la internet y las formas de comunicación tan abiertas
que se tienen, han generado que poco a poco las generaciones actuales dejen de
creer en ciertas acciones que como país y culturalmente se tenían presentes, hoy en día dichas
generación adoptan parte de un festejo diferente, dando oportunidad a que
evolucione una costumbre que se tenía y se pierda con el paso del tiempo. La adopción de costumbres diferentes en la
actualidad a generado que el día de
murtos tradicional que todos conocen en México sea diferente, ya que en la
actualidad se han adquirido hábitos que generan un cambio propio en nuestras
costumbres.
Al llegar los conquistadores el culto a la muerte se fusionó
con la religión católica, dando origen a la tradición del Día de Muertos
durante el 1º y 2 de noviembre de cada año. En estas fechas los mexicanos
celebramos a nuestros muertos acudiendo a los panteones para adornarlos con
flores, y en nuestros hogares colocamos altares, para que las almas queridas
abandonen el más allá y vaguen unos cuantos días por el mundo, visitando a su
familia, su casa y amigos.
Xantolo o como lo conocemos hoy en día, “Día de muertos”, es
una tradición que data desde la existencia de las primeras civilizaciones en México,
que era de las pocos que en vez de temerle a la muerte, la festejaban y
celebraban preparando a sus difuntos con todo lo necesario para realizar una cómoda
transición a la tierra de los no vivos. De ahí que las personas que fallecían
eran enterradas con sus más sagradas pertenencias, junto con agua y alimentos
que pudiesen necesitar en su camino.
El Día de Muertos es reconocido por algunas religiones como
el Día de los fieles Difuntos o Día de Todos los Santos. Es una celebración de
origen prehispánico, aunque también se celebra en otras partes del mundo como
Estados Unidos, Brasil o Centroamérica, México es quien lleva la batuta de
dicha celebración desde hace más de 3.000 años.
Sus tradiciones culturales se han seguido conservando
gracias a la religiosidad y fervor de su gente, las cuales se han transmitido
de generación en generación a pesar de que estas tradiciones están en peligro
de desvirtuarse debido a la influencia y mezcla con otras costumbres
extranjeras.
Es por eso que en el extranjero es aún más importante que se
conserven estas tradiciones, ya que mantienen el espíritu de unidad y
nacionalismo entre las personas de un mismo país y de aquellos que sin importar
el lugar de donde provienen se sienten identificados con esta bella expresión
cultural.
El altar para el difunto.
En algunos hogares de México es costumbre poner el altar de
muertos.
Antiguamente se ponía en la sala de la casa, a la vista de
los visitantes y amigos. Hoy en día los podemos encontrar en el área más íntima
de la casa.
La ofrenda del día de muertos es la esperanza viva de
convivir al menos por un día con quienes desde lejos, de un lugar muy lejano y
remoto, se les permite regresar a la tierra, aquí, a esta tierra de sabores,
olores, colores, sonidos y texturas... donde tienen que reaprender los sentidos
y experiencias que ya no les son útiles, o al menos, compartir con nuestros
elementos, aquellos que seguramente también tuvieron alguna vez como nosotros,
y es nuestra forma, única posible conocida, de asegurar la comunión en la
festividad.
Por eso el color amarillo de la flor de zempaxochitl, para
que puedan verlo con su mínima vista, y es entonces el camino de flores la guía
primera que conduce al convite en la casa, donde el altar espera su llegada. Y
necesario es también reconocer el olor de la propia casa, para que se sientan a
gusto, para que se identifiquen y puedan disfrutar la estancia en el lugar de
sus recuerdos. Por eso se recurre al uso del somerio o incienso, que debe ser
encendido desde la propia casa y fundir ambos olores, para luego ser llevado al
exterior, y así evitar que se pierda en el camino que ha de traerle de vuelta
al hogar. Se dice además que el olfato es el único de los sentidos que se
utilizan en el más allá, y se desarrolla para facilitar el regreso guiado por
el aroma de la propia vivienda.
Pero no es solo el recuerdo de los sentidos y la vida
terrena lo que permite la comunión. Es también necesario recordarles el mundo
tal y como ellos lo conocieron, el mundo que abandonaron, tan lleno de materia,
tan sensorial.
Se requiere la presencia entonces de los cuatro elementos
con los que todo está formado, en conjunción: Agua, tierra, viento y fuego.
Ninguna ofrenda puede estar completa si falta alguno de estos elementos, y su
representación simbólica es parte fundamental de la ofrenda.
El agua, fuente de vida, en un vaso para que al llegar
puedan saciar su sed, después del largo camino recorrido. El pan, elaborado con
los productos que da la tierra, para que puedan saciar su hambre. El viento,
que mueve el papel picado y de colores que adorna y da alegría a la mesa. El
fuego, que todo lo purifica, y es en forma de veladora como invocamos a
nuestros difuntos al encenderla y decir su nombre.
Luego, presentar los manjares que se preparan especialmente
es el ágape en mayor esplendor de toda la fiesta. Dependiendo de los recursos y
la zona geográfica, rondan los tamales y los buñuelos, el café y el atole, los
frijoles y las corundas, el mole y las enchiladas, comida que el difunto
acostumbraba y "que no se te vaya a olvidar aquel guisado que tanto le
gustaba a tu abuelo, ya ves que siempre se lo hemos puesto en su altar".
Hay que servir los alimentos calientes, para que despidan más olor, y puedan así
disfrutar del banquete.
No puede faltar la foto de la abuela, el sombrero del tío o
la sonaja con la que el bebe no jugó. Calaveras de azúcar con los nombres de
los convidados y calabaza en tacha, dulce típico de la época. Imágenes de
santos, para que los acompañen y guíen por el buen camino de regreso.
Para los niños, dulces y fruta, para los adultos, cigarros y
tequila. Para todos, la esperanza de tenerlos en la mesa una vez más,
compartiendo un breve instante de tiempo, de nuestro tiempo como nosotros al
fin lo conocemos

Corrige la ortografía y publica por separado el ensayo sobre el día de muertos, después, compártelo de nuevo en facebook.
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