domingo, 25 de octubre de 2015

Día de Muertos




La costumbre de día de muertos en nuestro país es una de las costumbres que mayor tiempo tiene, lo vemos con la mayoría de las culturas que coexistieron en nuestro territorio nacional y  la importancia que estas le daban a la veneración de sus muertos, así es como heredamos esas costumbres que hoy en día se han ido transformando, por la adopción de tradiciones de otras culturas o bien otros países. En la actualidad la magia que nos brinda la internet y las formas de comunicación tan abiertas que se tienen, han generado que poco a poco las generaciones actuales dejen de creer en ciertas acciones que como país y culturalmente  se tenían presentes, hoy en día dichas generación adoptan parte de un festejo diferente, dando oportunidad a que evolucione una costumbre que se tenía y se pierda con el paso del tiempo.  La adopción de costumbres diferentes en la actualidad a generado  que el día de murtos tradicional que todos conocen en México sea diferente, ya que en la actualidad se han adquirido hábitos que generan un cambio propio en nuestras costumbres.
Al llegar los conquistadores el culto a la muerte se fusionó con la religión católica, dando origen a la tradición del Día de Muertos durante el 1º y 2 de noviembre de cada año. En estas fechas los mexicanos celebramos a nuestros muertos acudiendo a los panteones para adornarlos con flores, y en nuestros hogares colocamos altares, para que las almas queridas abandonen el más allá y vaguen unos cuantos días por el mundo, visitando a su familia, su casa y amigos.
Xantolo o como lo conocemos hoy en día, “Día de muertos”, es una tradición que data desde la existencia de las primeras civilizaciones en México, que era de las pocos que en vez de temerle a la muerte, la festejaban y celebraban preparando a sus difuntos con todo lo necesario para realizar una cómoda transición a la tierra de los no vivos. De ahí que las personas que fallecían eran enterradas con sus más sagradas pertenencias, junto con agua y alimentos que pudiesen necesitar en su camino.
El Día de Muertos es reconocido por algunas religiones como el Día de los fieles Difuntos o Día de Todos los Santos. Es una celebración de origen prehispánico, aunque también se celebra en otras partes del mundo como Estados Unidos, Brasil o Centroamérica, México es quien lleva la batuta de dicha celebración desde hace más de 3.000 años.
Sus tradiciones culturales se han seguido conservando gracias a la religiosidad y fervor de su gente, las cuales se han transmitido de generación en generación a pesar de que estas tradiciones están en peligro de desvirtuarse debido a la influencia y mezcla con otras costumbres extranjeras.
Es por eso que en el extranjero es aún más importante que se conserven estas tradiciones, ya que mantienen el espíritu de unidad y nacionalismo entre las personas de un mismo país y de aquellos que sin importar el lugar de donde provienen se sienten identificados con esta bella expresión cultural.
El altar para el difunto.
En algunos hogares de México es costumbre poner el altar de muertos.
Antiguamente se ponía en la sala de la casa, a la vista de los visitantes y amigos. Hoy en día los podemos encontrar en el área más íntima de la casa.
La ofrenda del día de muertos es la esperanza viva de convivir al menos por un día con quienes desde lejos, de un lugar muy lejano y remoto, se les permite regresar a la tierra, aquí, a esta tierra de sabores, olores, colores, sonidos y texturas... donde tienen que reaprender los sentidos y experiencias que ya no les son útiles, o al menos, compartir con nuestros elementos, aquellos que seguramente también tuvieron alguna vez como nosotros, y es nuestra forma, única posible conocida, de asegurar la comunión en la festividad.
Por eso el color amarillo de la flor de zempaxochitl, para que puedan verlo con su mínima vista, y es entonces el camino de flores la guía primera que conduce al convite en la casa, donde el altar espera su llegada. Y necesario es también reconocer el olor de la propia casa, para que se sientan a gusto, para que se identifiquen y puedan disfrutar la estancia en el lugar de sus recuerdos. Por eso se recurre al uso del somerio o incienso, que debe ser encendido desde la propia casa y fundir ambos olores, para luego ser llevado al exterior, y así evitar que se pierda en el camino que ha de traerle de vuelta al hogar. Se dice además que el olfato es el único de los sentidos que se utilizan en el más allá, y se desarrolla para facilitar el regreso guiado por el aroma de la propia vivienda.
Pero no es solo el recuerdo de los sentidos y la vida terrena lo que permite la comunión. Es también necesario recordarles el mundo tal y como ellos lo conocieron, el mundo que abandonaron, tan lleno de materia, tan sensorial.
Se requiere la presencia entonces de los cuatro elementos con los que todo está formado, en conjunción: Agua, tierra, viento y fuego. Ninguna ofrenda puede estar completa si falta alguno de estos elementos, y su representación simbólica es parte fundamental de la ofrenda.
El agua, fuente de vida, en un vaso para que al llegar puedan saciar su sed, después del largo camino recorrido. El pan, elaborado con los productos que da la tierra, para que puedan saciar su hambre. El viento, que mueve el papel picado y de colores que adorna y da alegría a la mesa. El fuego, que todo lo purifica, y es en forma de veladora como invocamos a nuestros difuntos al encenderla y decir su nombre.
Luego, presentar los manjares que se preparan especialmente es el ágape en mayor esplendor de toda la fiesta. Dependiendo de los recursos y la zona geográfica, rondan los tamales y los buñuelos, el café y el atole, los frijoles y las corundas, el mole y las enchiladas, comida que el difunto acostumbraba y "que no se te vaya a olvidar aquel guisado que tanto le gustaba a tu abuelo, ya ves que siempre se lo hemos puesto en su altar". Hay que servir los alimentos calientes, para que despidan más olor, y puedan así disfrutar del banquete.
No puede faltar la foto de la abuela, el sombrero del tío o la sonaja con la que el bebe no jugó. Calaveras de azúcar con los nombres de los convidados y calabaza en tacha, dulce típico de la época. Imágenes de santos, para que los acompañen y guíen por el buen camino de regreso.

Para los niños, dulces y fruta, para los adultos, cigarros y tequila. Para todos, la esperanza de tenerlos en la mesa una vez más, compartiendo un breve instante de tiempo, de nuestro tiempo como nosotros al fin lo conocemos

1 comentario:

  1. Corrige la ortografía y publica por separado el ensayo sobre el día de muertos, después, compártelo de nuevo en facebook.

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